domingo, 24 de febrero de 2008

Jesus Team 1 - Los otros 0

Esta historia pienso hacerla corta porque así sucedió. Si usted amigo lector lee bien, ponga cronómetro y veamos y logro relatar este hecho de tal forma que al culminarlo, no hayan pasado mas de diez minutos. Si eres disléxico o regresas para retomar lo leído, te agradeceré que no tomes en cuenta mi sugerencia del cronómetro.

Saliendo del banco y remedando a una ducha abierta por la cantidad de sudor que escapaba de mi, me apresuré a tomar un taxi. El calor era tan insoportable que no pensaba irme caminando a la oficina y mucho menos en micro. Aguantar el sol y el calor de crematorio que hacía era imposible y zambullirme en una combi con la cantidad de gente que había en ellas, era un suicidio.

“Maestro buenas tardes, tres soles acá no mas a (doy la dirección de mi oficina)”. El taxista me miró con una cara de asombro y faltaba poco para que me dijera “-tu tas cojudo o que. Por eso no te llevo-” En realidad algo así me respondió. Bueno si no me quieres llevar, ya pues, no me lleves chapo otro taxi. Pero finalmente aceptó.

-Buenas tardes cababllero.-
-Buenas tardes jovencito. No estoy de acuerdo con tu precio, pero tómalo como una bendición que yo estoy haciendo por ti. Si yo te bendigo con mi comprensión, el Señor me bendecirá a mi también.-
-(Ay no… lo que me faltaba un fanático religioso)
- Me disculparás, pero voy a subir el volumen de la radio. Glooooooooooooooooooooooooooria, gloooooooooooooooooria, aleluya.
- (Ok, soy católico, creo y voy a misa todos los domingos… pero estas cosas me suelen incomodar un toque. Ojalá no se ponga espeso el señor. Voy a pagarle de una vez para asi llegar a la oficina y bajar en una) Señor cóbrese por favor.

El taxista extiende la mano y yo deposito las monedas en ellas.

- Gracias joven. (expresión de incomodidad aguantada, casi explosiva, de contención, acá hay algo que no me cuadra y este tio se está poniendo espesísimo). ¿¿¿SEGURAMENTE ERES CATOLICO NO??? Si pues ustedes son asi, en cambio nosotros los (no mencionaré la religión para evitar incomodidades) no le tenemos asco a las cosas. Si me he bañado esta mañana, ¿por qué no me das la mano y me entregas el dinero deseándome suerte en mi día? ¿con un apretón?
- Señor disculpe, no me consta que se las haya lavado.
- Claro que si, esta mañana me lavé a parte la suciedad no es solo física sino también del alma, pero ustedes los católicos son superficiales.
- Completamente de acuerdo señor, pero si usted coge plata, puede tener gérmenes en las manos y transmitírmelos por no habérselas lavado.
- Jovencito, le estoy diciendo que las manos me las lavé en la mañana y que…
- Señor, la mañana ya pasó, usted está chambeando cogiendo plata y vaya usted a saber donde habrán estado las manos de la gente que le paga.
- Insisto, ustedes los católicos son…
- ¿Cómo sabe que mis manos no han estado tocando a alguna mujer y las monedas que le entregué no tienen algo, llamémoslo, particular?
- ¡Dios mío, que está tratando de decirme joven! El fornicar es una tentación que el hombre debería evitar.
- Ya ok señor, ¿pero si en lugar de fornicar, me masturbé y no me lavé la mano? ¿Aceptaría de todas formas que le diera un apretón y le deseara buena suerte?
- ¿Joven, que tipo de católico es usted?
- Respóndame por favor. Y en la esquina que viene entre a la derecha que se está pasando.
- No soy católico, ya te dije que soy (religión no mencionada) y que ustedes los católicos solo son superficiales. Nosotros solo nos preocupamos por el alma de la gente, porque el cuerpo es una carcasa que el tiempo gastará, pero el alma perdura, las enseñanzas también.
- Completamente de acuerdo, pero ¿si fui al baño y no habia agua y no me lavé?
- ¡Puta madre! ¿Usted me está tomando el pelo jovencito?
- ¿Qué clase de (religión no mencionada) es usted que se expresa de esa forma? Déjeme aquí no mas señor, en la esquina me bajo. Buenas tardes (le extiendo la mano para despedirme)
- No cojo la mano de un pecador.
- Y yo no se en donde habrá estado la suya. Buenas tardes.

viernes, 22 de febrero de 2008

X

Usa mis brazos cuando tengas frío
Cuando te deje el cierzo congelada
Hazle un paréntesis al hastío
Búscame si estas desencontrada

Quiero darte más que estos versos
Escritos en torres de papeles tachados
Quiero pintarte el cuerpo con mis besos
Dormirme en tus cabellos enredados

No soportaré nunca tu lejos
Y frunciré siempre mi entrecejo
Cuando otro ponga en tus ojos alegría

Acéptame como quieras, ¡aquí me tienes!
Y responde mi pregunta, si es que quieres,
Ser la musa de toda mi poesía.

XIV

Es el verano estar contigo

Es el otoño irte a dejar

Es el invierno mi semana sin verte

La primavera cuando a tu puerta llego a tocar

XI

A ti, sirena varada de los mares
Compinche de mis sábados de parranda
Artífice de mis torpes malabares
Soy un niño que no camina sin baranda

Soy un creyente que en silencio alaba
A quien no cree en su creación divina
Una Diosa, una sirena, la reina de Saba
Un bello tatuaje impregnado en mi retina

Robarte un beso, así sea un segundo
Ganándome un bofetón por mi labor
Dejo todo, así me convierta en vagabundo

Porque mañana seré pobre al amanecer
Pero después de haber probado de tus labios su sabor
Hombre más rico que yo, jamás llegaré a conocer

jueves, 21 de febrero de 2008

VI

Te pido por favor que del jardín

No saques margaritas para deshojar

Convéncete que aunque arranques todas

Ninguna te podrá negar

VII

Bendito sea el día que, cuando fuiste sirena

A tierra fuiste a varar

Maldito sea el día que, cuando fuiste sirena

No me pude convertir en mar.

El invertebrado y yo

Espero que no se emocionen por el título que uso esta vez, puesto que no hay connotación sexual alguna en este texto eh!

Leyendo un artículo de mi amigo invertebrado (el cual también tiene su propio blog:
http://lacolumnadelinvertebrado.blogspot.com) decidí contar cierta historia verídica que él relata, sólo que desde un ángulo diferente: el mío.

Detesto el gimnasio. Prefiero hacer deporte, adoro la natación, montar bicicleta, salir a correr o a caminar o por último, hacer fierros yo solito en el mini gimnasio recientemente adquirido. Pero, cuando la oportunidad de asistir a un gimnasio de renombre y de forma gratuita se presentó, no dudé ni un minuto en llamar al invertebrado, lanzar la deportiseñal y acudir raudamente al llamado de la escultura y tonificación corporal pre verano.

Cuando llegó el día decisivo para acudir a nuestros entrenamientos en pro de sacar un cuerpo digno de envidia, yo estaba con una flojera de siquiera salir a la esquina. Es más, con mi maldito hábito de fumar, no se me ocurrió mejor idea que prenderme un puchito antes de salir de la oficina y empujarme una buena coca cola bien helada. La salud es lo primero me repetían. En el colmo de la vagancia, nos fuimos en taxi al gimnasio, jurando empezar a tomar agua y a bajarle las revoluciones al tabaco.

Mientras que íbamos en el taxi por la avenida, conversando de mil y un boberías de aquellas que el invertebrado y yo solemos hacer, decir y pensar, conversábamos de lo que queríamos lograr asistiendo al templo del fitness. Invertebrado quería bajar las marcas que le dio el embarazo fecundado por el sedentarismo propio del trabajo. No es agradable que el ombligo te tape el botón del pantalón. Particularmente yo, quería hincharme, sacar masa, ya estaba muy flaco. Parezco una espiga, puesto que soy flaco como yo solo y alto como ninguno (o como pocos mejor dicho). Mentalizados a lograr nuestros objetivos físico culturistas arribamos a Muscleland.

Las señoritas tonificadas que iban en la caminadora tenían unos glúteos perfectos. Y ni que decir de otras que tenían perfecto hasta el sudor que les chorreaba. Esto del gimnasio me estaba empezando a gustar a cada minuto más. Mi instructor me midió, me pesó, me armó la rutina y a empezar a trabajar el esqueleto. Caso contrario a invertebrado, yo estaba disfrutando de esto llamado gimnasio. Las chicas que pasaban, el sudor a raudales, sentir el esfuerzo de los músculos trabajando y oxigenándose, era algo muy motivador. Añadido a que no tuve tiempo de escuchar la música del gimnasio, puesto que fui armado con mi MP3 y su cacerina musical llena de balas metaleras y roqueras.

Superadazo me sentía. No tengo roche alguno de aceptar que soy flaco (aunque después de mucho tiempo he empezado a subir de peso y ya no doy tanta risa en la playa), o de sacarme el polo y mostrar mis muy fortalecidos huesos que tantos años de adicción láctea han sabido nutrirlos.

Al finalizar mi rutina, un poco cansado la verdad, puesto que no iba hacía tiempo al gym, procedí a buscar al invertebrado dentro de la jungla de pesas y discos. Lo encontré incómodo por la historia que él cuenta en su blog y procedimos a dar por culminado el día de entrenamiento. Irrisorio fue el contraste en los vestidores al ver las masas grasosas de tantos compañeros, los rostros de sufrimiento, las caras de culpa por haber comido algo indebido. ¿Estaban ahí por obligación, por pagar una apuesta o qué?

Al salir del gimnasio no se me ocurrió mejor tontería que decirle al invertebrado “Tengo hambre men. Vao a jamear algo”. En el colmo del salvajismo, nos fuimos a un restaurante de comida rápida y nos comimos un combo familiar entre los dos. Rematamos la noche, con un puchito para que baje la jama y nos fuimos caminando a lo largo de 30 cuadras hablando de mil y un boberías, las mismas que decimos, hablamos, hacemos y pensamos. Las mismas del taxi. Porque no me habré quedado mucho tiempo en el gimnasio y el invertebrado tampoco. Porque tal vez eso no era para nosotros. Porque tal vez decidí no seguir en ese templo por un lío que tuve con un atorrante. Porque tal vez puedo decir mil y un motivos que me hicieron desistir de la academia de la belleza y perfección físico muscular, pero aún así, esa experiencia, me permitió meterle unos kb más al disco duro de mi computadora y guardar el archivo en la carpeta “las aventuras con mi mejor amigo”.


Una mas, dentro de la muchas que tengo para contarles.